Amor, Cuestión de química?

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Amor, cuestión de química?

Al enamorarse ciertos cambios bioquímicos suceden en el cuerpo del ser humano, hasta las personas más discretas experimentan en algún momento de sus vidas esa exaltación que produce el amor, sentimiento que  incita a quienes lo sienten a manifestar un trastorno en su conducta, cuando están cerca o junto al ser amado.

Cuando empezamos hablar  de él o ella como si nada más existiera en el mundo, nuestro corazón se acelera a velocidades indescriptibles, se generan más glóbulos rojos para mejorar la oxigenación de nuestro organismo, en ocasiones dejamos de lado al resto de personas, se nos olvida el mundo alrededor.

Así es que, como respuesta de lo que sentimos físicamente, y de las reacciones que tiene nuestro cuerpo, demostramos actitudes particulares; siempre que hemos estado enamorados, seguramente habremos escuchado de la gente que nos rodea que nos ve más sonrientes, incluso, que se nos ilumina la mirada cuando vemos o hablamos de esa persona especial, y sentimos que queremos abrazarle y estar cerca de éste todo el tiempo,  y eso no es coincidencia.

Esta razón que hace que  algunas personas se vuelvan “locas” se debe a unas sustancias químicas llamadas feromonas, que a su vez liberan algunos seres vivos y producen una respuesta en la misma especie, la más frecuente es de tipo sexual, y es que si se dice que el amor  es ciego se debe a que estas moléculas de bajo peso llegan a través de nuestras fosas nasales. Es decir, que el flechazo inicial es una cuestión “de narices”.

En este punto,  entran a jugar otras nuevas sustancias químicas, las conocidas como endorfinas y encefalinas. En realidad se trata de opiáceos sí, nuestro cerebro presenta “drogas naturales”, con las que nos teletransportamos a ese ese mundo donde pensamos que la felicidad nunca terminará, donde nuestra sonrisa de enamorados es inconfundible.

Esas sustancias químicas influencian las relaciones entre hombres y mujeres, potencian el deseo sexual y, en el caso particular de las mujeres, las hace más fértiles y colabora a que sus ciclos menstruales sean más regulares.

 

 

 

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